El platense Centro de Estudios para la Gobernanza (CEG) publicó el Manifiesto para una IA Soberana y Humanista, a partir de cual intenta lanzar una serie de advertencias respecto a la irrupción de la herramienta, su potencial, sus peligros, y establece 21 principios que deberían regir su avance.
El director de Proyectos del centro, Jerónimo Guerrero Iraola, estuvo al frente de la elaboración del documento que propone “entender a la IA, para que no se transforme en una herramienta que perpetúe la desigualdad, la falta de inclusión y la dominación”.
Desde la capital de la provincia de Buenos Aires, Guerrero Iraola sostiene que la sociedad en su conjunto entiende o conoce la IA porque todos operan con ella, ya sea desde aplicaciones o motores de búsqueda. Lo que falta, subraya, es “incorporarle categoría política a eso que manejamos con mayor o menor conocimiento”. Y, ante todo, que no deje de las personas de lado.
Uno de sus puntos de partida, plasmado en el manifiesto, es la idea de que la cuarta revolución industrial está en desarrollo. Por ende, ahí no radica el eje de la discusión, sino en cuál es el rol que adopta Argentina en ese nuevo entramado de agregado de valor y generación de empleo. Ese lugar encuentra al país con los tres insumos estructurales para la existencia de la IA: energía, agua y minerales críticos. Por eso, remarca, se trata de un debate geopolítico y no del mero uso de un instrumento que puede o no facilitar la vida cotidiana.
Producto de este trío de elementos, Guerrero Iraola alerta sobre el modelo de gobierno libertario. Al respecto, toma como eje la desregulación y el retiro del Estado nacional de sus funciones como actor garante de un equilibrio estratégico que potencia el bienestar de las mayorías. Por el contrario, Milei escribió un artículo en el Financial Times del Reino Unido donde pone en valor una exacerbada apertura económica, facilidades para extraer recursos naturales argentinos y beneficios impositivos que no existen para quienes en sus casas tienen que pagar un 700 por ciento más de luz.
¿Por qué el Presidente redactó esta “invitación” a radicar empresas en Argentina? Porque en los últimos días envió un proyecto que modifica la Ley de Sociedades y habilita la creación de Sociedades Automatizadas y Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO). Básicamente, las primeras operan de forma autónoma con algoritmos o IA, sin empleados, con personalidad jurídica y responsabilidad limitada. Mientras que las DAO se organizan con reglas codificadas en contratos inteligentes y registradas en blockchain.
Ante este panorama, Guerrero Iraola refuerza el concepto de contar con un “Estado soberano”. “Si vamos poner nuestros recursos, que el pueblo participe y sea el destinatario de las políticas, porque no se puede regular la IA sin la gente, sino, hablamos de un genocidio por goteo, donde mandamos a millones de personas al muere por un supuesto desarrollo que va a terminar en manos de cinco tipos”, sintetiza el dirigente platense. Ante todo, dice, la IA debe generar “comunidad” y no sólo conectividad.
Los 21 principios
Guerrero Iraola explica que, hacia dentro del CEG, hubo un intercambio de ideas previo a la elaboración de la publicación sobre su formato. Primó la idea de un manifiesto, es decir, un documento más distante de lo académico, “sin notas al pie”, con el fin de que sea digerible por el conjunto de la sociedad.
En paralelo, explica en el manifiesto, es un trabajo que tiene un correlato concreto en la Carta Platense de Inteligencia Artificial. Se trata de un proyecto de ordenanza desarrollado por el CEG para la ciudad de La Plata que apunta a fijar “un estándar regulatorio nacional desde el municipio”. “Reserva de humanidad, evaluación de impacto algorítmico vinculante, registro público de sistemas, auditoría externa independiente, soberanía de datos, sustentabilidad ambiental e hídrica, derechos de la ciudadanía digital”, especifica el documento.
Con todo, los 21 principios que Guerrero Iraola y su equipo afirman como los límites del cauce de avance en la IA son:
- Transparencia: Toda persona debe poder comprender cómo funciona un sistema algorítmico que afecta su vida.
- No discriminación: La IA no puede reproducir desigualdades históricas ni convertir prejuicios en decisiones automáticas.
- Soberanía de los datos: Los datos personales y comunitarios no son una mercancía: son parte de la dignidad y la identidad de las personas.
- Supervisión humana: Las decisiones que afectan derechos no pueden quedar delegadas exclusivamente a una máquina.
- Protección de las infancias: Niñas, niños y adolescentes requieren una protección reforzada frente a plataformas, algoritmos y sistemas de manipulación digital.
- Autodeterminación informativa: Cada persona debe poder conocer, corregir, limitar y disputar el uso de su información personal.
- No regresividad: Los derechos digitales conquistados no pueden retroceder por presión corporativa, urgencia política o falsas promesas de innovación.
- Código abierto como bien común: La tecnología financiada con recursos públicos debe poder ser auditada, revisada y controlada por la sociedad.
- Salud: La IA aplicada a la salud debe ampliar derechos y acceso universal, no crear privilegios biotecnológicos para pocos.
- Soberanía lingüística y diversidad cultural: Los sistemas de IA deben comprender nuestras lenguas, nuestras culturas y nuestras formas de pensar.
- Derechos laborales en la era algorítmica: No hay IA ética si se construye sobre precarización, reemplazo irresponsable o trabajo invisible sin derechos.
- Responsabilidad ambiental: La IA tiene impacto ecológico, ya que consume energía, agua, minerales e infraestructura. Esa huella debe ser medida, transparentada y regulada.
- Gobernanza democrática: Las comunidades afectadas por sistemas de IA deben participar en las decisiones sobre su diseño, uso y control.
- Derecho a la opacidad: Las personas tienen derecho a no ser permanentemente medidas, perfiladas, vigiladas o predichas.
- Acceso universal: La IA debe ser accesible para todos y todas, con conectividad, dispositivos, alfabetización digital y políticas públicas activas.
- Responsabilidad algorítmica: Quien diseña, compra, implementa o despliega un sistema de IA debe responder por sus consecuencias.
- Participación ciudadana: La regulación tecnológica no puede escribirse solo entre expertos, empresas y gobiernos: debe incluir a la ciudadanía.
- Derecho a la explicación: Toda persona afectada por una decisión automatizada debe poder entenderla, cuestionarla e impugnarla.
- Autonomía científica: La investigación en IA debe tener independencia, financiamiento público y producción abierta de conocimiento.
- Solidaridad regional: América Latina necesita coordinar capacidades, regulaciones e infraestructura para construir soberanía tecnológica.
- Comunidad: La IA debe fortalecer vínculos, instituciones y vida común. No alcanza con conectividad, hace falta comunidad.
¿Qué quiere Milei?
El artículo publicado por el medio británico que lleva la firma del Presidencia junto a la de Federico Sturzenegger, se titula Argentina invita a la IA a liberarse. Luego de una comparación histórica con los cambios legales del siglo XVII que crearon las sociedades de responsabilidad limitada, Milei sostiene que el pilar troncal de su proyecto está en el “compromiso de mantener la IA sin regular para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.
Esta “invitación”, tal como la definió Milei en su artículo, contempla beneficios fiscales. Sin ir más lejos, días atrás el gobierno nacional envió un nuevo proyecto de régimen de inversiones llamado Super RIGI destinado a inversiones tecnológicas. Es decir, hay un RIGI para llevarse los recursos naturales sin dejar un solo dólar en el país, y una versión ampliada para que la logística sea más barata para las empresas, se instalen acá, los usen como quieran y las regalías las dispongan a su gusto.
Precisamente, es el ecosistema capitalista que recientemente criticó el Papa León XIV en Magnifica Humanitas, su primera encíclica. Por esas casualidades del destino, el Papa publicó su documento mientras el Centro de Estudios para la Gobernanza y Guerrero y Iraola ultimaban detalles para sacar a la luz el manifiesto.
“Una IA que desintegra el lenguaje, atomiza la confianza y fragmenta el lazo social. Y una IA que construye comunidad, fortalece el bien común y amplifica la capacidad humana de entenderse. No se trata de opciones técnicas neutras. Se trata de proyectos políticos distintos. El humanismo elige el segundo. Hacer comunidad, defender el rasgo humano frente a la licuación de nuestra subjetividad por medio de los algoritmos”, remarca el trabajo elaborado por el CEG.
